Siendo horas de comer abandonaban la sala partiendo a sus casas. Descansaban los aceros, sin dejar de cortar el aire como escaso tiempo antes, dejando de batirse y descansando como descansara la paz en toda la casa.
Un pequeño huerto tenia, donde cultivaba algunas hortalizas, árboles frutales más gallinas que ponían huevos. Fueran mis menesteres el resto del día. También tuviera tiempo para leer a la luz de los velones de mi escritorio, donde mantenía charlas con algún vecino, que bien venia a visitarme por comentar cuantas cosas sucedieran. Bien es sabido que en tiempos duros la gente es propensa a charlar y comentar cual mal van las Españas, la picaresca y los asaltantes de caminos. Mas por ello enseño esgrima también, todo hombre debe saber defenderse de quien menos se pueda esperar.
Sebastián es un buen vecino, era un hombre de poca estatura, con una voz grave y familiar, su rostro reflejaba paz. Fuera mi herrero, quien manejaba el acero como mis trazos el papel. Aprendiera el arte de forjar unas espadas resistentes, ligeras y bien equilibradas. Al mismo tiempo también forjaba herraduras para caballos. Era un hombre poco mayor que yo. Por aquel entonces debiera tener unos 45 años. Tenía dos hijos gemelos de 5 años, que a menudo correteaban por mi hogar. Pensáramos Ana y yo en ser padres por aquel entonces, mas debimos esperar poco más por el poco dinero que tuviéramos. No nos faltara amor por cuantas cosas compartiéramos juntos. La luz de la luna iluminaba las noches de verano, cuando su cuerpo descansaba ladeado frente a mí. Su piel suave y su perfume, su rostro inocente, mas la dulzura con que tratárame fuera el mayor tesoro que pudieran albergar mis manos.
Aquella casa junto al rio, fuera una gran parte de nuestra vida. Cuyo vecindario eran buenas gentes, alegres más de buen corazón. Sabia es la decisión elegir un buen hogar. Pues vives largas horas y recuerdos de tu vida. Aquel fue nuestro comenzar mas debo pensar, que mejor lo pudiéramos hacer.
Construyéramos por aquel entonces un puente para comunicar ambos lados del rio. Donde esfuerzo y dedicación de mucha gente fuera menester. Tres meses durara la empresa, fuéramos trabajando turnándonos, por cual cansancio nos portara. Poco a poco mas con el esfuerzo de mucha gente, consiguiéramos alzar un sólido puente que bien nos sirvió para mejorar el transito en nuestra zona. Pudiéramos así crear un pequeño mercado en una cercana plaza. Tuviéramos comunicación directa con el transporte de pescado de la mar. Dando así una gran riqueza a nuestra zona.
Fue época prospera y en poco tiempo olvidáramos en parte, la dureza y el comienzo de un nuevo florecer.
Llegaban telas de Nápoles, sedas de Oriente, pesado fresco de la mar mediterránea. Incluso nos llegaran productos de los países bajos que estaban comunicados con Italia.
Al igual que nuestro vecindario crecía, mi escuela empezó a crecer en número y la necesidad de contratar a un ayudante. Pudiendo así dedicar más horas de enseñanza en mi propia casa.
De nuestra vida, vinieran nuevos cambios para Ana y para mí, el nacimiento de nuestro hijo José. De pelo oscuro como su padre y ojos claros como su madre.
Por aquel entonces debí dedicar menos horas de enseñanza por el bien de mi hijo, quien precisara de mi atención también. Ana pareciera encantada, al igual que yo sintiera que nos unía algo más. Tener un hijo en común, fuera lo mejor que pudiera desear toda pareja joven. En aquellos años que pareciera que por fortuna nuestra vida tomara forma y arte de la esgrima, convirtiérame en uno de los mejores instructores de la zona, sin querer desearlo. Llevome el tiempo a conseguir tal respuesta a mi dedicación, a mi empeño. No por ello perdiera la paz de un hogar junto a la naturaleza, como el rio, que siguiera inspirándome cuantas veces lo oyera. Al igual que los cercanos campos, cuyo aroma de azahar de los naranjos, eclipsara mis tensiones, de mis que haceres diarios.
Las noches veraniegas desplegaban un cielo estrellado, donde alguna suicida estrella fugaz, fugaba su vida con un destello de llanto. La paz de aquellas tierras de mis primeros años de instructor y del joven hijo que empezaramos a educar, fueran el comienzo de una nueva vida.
Por desventura no pude tener padres a quien enseñar a mi hijo, mas me bastaban los padres de Ana, quienes gustosos venían a jugar con el niño. Fueran unos grandes abuelos para mi hijo, quien a menudo pasaba tiempo con ellos también.



3 dieronme unas palabras, que el destino os guarde.:
¿Y esa casa?
Bueno, esa mansión mejor dicho.
Veo, veo, que ha dejado la pintura definitivamente, y ahora hasta se ha metido en el negocio telar, que en efecto, había gran tránsito en esa época, sobre todo entre Burgos y los Paises Bajos.
Ya estamos con descendencia, anda que te has partido el coco, para ponerle nombre al chaval, JoseVi.
¿Pero cuando va a pintar éste hombre?
Ha cambiado tres veces ya de profesión desde que lo leo.
Bona nit Karateka :)
No se, estaba en internet XD.
No ha dejado la pintura, solo que pinta de vez en cuando XD. Lo del hijo... no se... no quiero repetir nombres, puesto que el el diego y no quiero poner nombres estrangeros era el siglo XVII.
Que noooooooooooo que el hace esgrima y pinta a la vez. Es profesor de esgrima, pero pinta a ratos XD.
Ayer escribi medio capitulo nuevo a ver si lo termino esta tarde :)
Besos
Bon dia XD que hace un sol precioso
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